Ciego por unas horas

Una experiencia que le acercará a la ceguera

21-ago-2009 Raquel García Pajín

¿Ha ayudado a un ciego a cruzar la calle y se ha preguntado cómo es su mundo? La exhibición 'Diálogos en la oscuridad' invita a meterse en sus zapatos.

Hay una manera de comprender a los invidentes. O de comenzar a entender su mundo algo mejor.

Con "Diálogos en la Oscuridad", un paseo a oscuras, donde es posible tomar conciencia de las dificultades que experimentan los ciegos.

Algunos comparan esta visita guiada, con una regresión virtual al útero materno.

No es cierto. La sensación es de auténtica cámara oscura. No se puede ver nada.

El negro es rotundo y se antoja como un hueco seco sin límites. Poco o nada tiene que ver con la supuesta luz rosada, cálida y envolvente del vientre femenino.

Nada de sustos

Los primeros minutos de nervios y confusión son disipados por la simpatía campechana del primer guía. Tranquiliza con una cálida bienvenida al rebaño. Explica, para alivio de los más cobardes, que el viaje al mundo de las tinieblas es "completamente seguro".

La exhibición, Diálogos en la oscuridad" no es una odisea, es una experiencia sensorial, “sin escalones, ni suelos resbaladizos, ni agujeros de obras, ni manos amenazantes”. No, “esto no es el pasaje del terror”, aclara.

Al otro lado de la cortina, asegura, nos espera "un agradable paseo" guiado a través de varias salas con diferentes pavimentos y objetos donde aprender a desarrollar la movilidad como ciegos neófitos.

Se hace entrega de un bastón, homologado y a medida para cada visitante, y se muestra su uso.

“Hay que cogerlo como si fuese un lapicero y arrastrarlo de un lado a otro despacio, nada de empuñarlo como una espada y sacarle un ojo al vecino”.

Risas nerviosas llenan la antesala de las tinieblas.

Voces y narices que guían

Nos aguarda una voz amable, a la que ya no se puede poner rostro. Su dueño se llama Miró, “como el artista español”. Ríe con energía, hace el primer recuento y pregunta nombres.

Su voz recorre la habitación, emite señales -chasqueando la lengua- para facilitarnos la labor de seguirle y encontrar la puerta al primer decorado.

El suelo se vuelve blando y mullido, es hierba, se trata de un parque. Tras sortear y tocar los primeros árboles, matorrales, papeleras y otros obstáculos, sorprende lo difícil que es caminar por un lugar en principio placentero y diáfano.

Si el parque fatiga, ¿cómo será una calle del centro en hora punta? Tras cruzar un puente colgante a duras penas, y pasar por un almacén de especias, la nariz es nuestra nueva mejor amiga. Y llega la parte más estresante: un mercado al aire libre en una encrucijada de caminos.

Coches mal aparcados

Tocando y palpando descubrimos patatas, coles y demás, también un pivote, un coche mal aparcado, un charco y por fin el semáforo. Dos visitantes, por despiste, están en medio de la carretera. Se oyen coches y camiones, y a los incautos asustados. “Menos mal que esto es virtual”, dicen a voces.

Tras un paseo en barco pasado por agua y unos cuantos pasillos desconcertantes, el grupo llega extenuado a un bar. Voces amables invitan a comprar bebidas y tomar asiento. Manos buscan manos donde entregar la coca cola, manos buscan manos donde posar las monedas con el cambio.

“¿Cómo sabes que te doy cinco euros y no te engaño?, ¿cómo lo harías en EEUU, donde los billetes de dólares son todos iguales?” pregunta alguien con mala leche. “Por eso mismo he dicho a mi mujer que no pienso acompañarla a Nueva York, no sea que me timen” contesta el camarero.

Sentados y calmada la sed, llega la ronda de preguntas y Miró cuenta su historia. Tiene 33 años y es ciego desde hace cinco, “bueno, en realidad no soy ciego, tengo una visibilidad del 4%, puedo distinguir formas y siluetas”.

Estudió empresariales y entonces ni siquiera usaba gafas. Tras la universidad, en un control rutinario, le diagnosticaron un daño en la mácula y resultó degenerativo. Se despide hasta la próxima antes de llegar a la última cortina. Atrás queda el recuerdo de su voz. Lo único que conocimos de él.

¿Subestimamos?

Salimos del recinto y la luz nos abofetea. El que preguntó por los dólares comenta “pobre gente, que complicado lo tienen para defenderse”. Al llegar al parking, descubre entre sus monedas una de Singapur, idéntica a una de 2 euros en tamaño y peso.

Sonríe y dice, “le había subestimado”. Y acto seguido vuelve a sospechar, “¿cómo habrá llegado esta moneda al bar de la exhibición? ¿Qué desalmado habrá pagado con ella?”. Se queda sin respuesta.

No hay certezas, cada cual puede llegar a la conclusión que desee.

La exhibición es una idea de Andreas Heinecke, un periodista y documentalista alemán, al que pidieron ayuda en la reincorporación de un compañero que acababa de perder la vista. Sus jefes confiaban en su empatía.

Desde los 13 años tuvo que enfrentarse a una situación de posible marginalización social. A esa edad descubrió un secreto terrible. Mientras la familia de su madre fue víctima del Holocausto, su familia paterna había apoyado al régimen nazi.

Inseguridad y fascinación

Al ocuparse del entrenamiento de su compañero descubrió una gran inseguridad y fascinación frente a la ceguera. Y decidió constituir una ONG. Quería compartir con otros videntes la experiencia de no ver.

En 1988 inauguró en Frankfurt el primer Diálogo en la Oscuridad. Desde entonces ha dado la vuelta al mundo, dando trabajo a 6.000 ciegos en más de 150 ciudades.

La única urbe de habla hispana que ha tenido el honor de recibir esta iniciativa, es Guadalajara, en México. Desde el año 2.000 la exhibición cuenta además con una sede fija en Hamburgo.

El copyright del artículo Ciego por unas horas, publicado en Arte pertenece a Raquel García Pajín. Es necesario el consentimiento expreso de su autor para la publicación o reproducción, parcial o total, a través de medios impresos, online o a través de cualquier otro medio o formato de Ciego por unas horas.  
¿Se ha sentido ciego en alguna circunstancia?, Anthony Peyper ¿Se ha sentido ciego en alguna circunstancia?
Sede permanente en Hamburgo, Hamburg.de Sede permanente en Hamburgo
Dentro de la exhibición, Derdurchblick.at Dentro de la exhibición
Una clase de Braille, Flickr / Redbull Una clase de Braille
   
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